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Plantines nativos en un vivero de restauración en la Patagonia

Reforestación con especies nativas en la estepa patagónica

Publicado el 14 de marzo de 2025 · Restauración activa · Lectura de 8 minutos

La reforestación en la Patagonia no consiste en plantar cualquier árbol: las especies nativas tienen ciclos lentos y requieren protección contra el viento y el pastoreo. Este artículo recorre tres viveros comunitarios que producen lenga, ñire y coihue para recuperar suelos erosionados por incendios y sobrepastoreo. También explica cómo se mide la supervivencia de los plantines a los dos y cinco años, y por qué esa cifra importa más que la cantidad total plantada. Se incluyen observaciones de guardaparques sobre los sectores donde la restauración avanza y donde todavía no funciona.

En los viveros de la cordillera, la lenga tarda entre tres y cuatro temporadas en alcanzar la altura mínima para salir al campo. El ñire es más rápido, pero sufre con las heladas tardías. El coihue necesita humedad constante y por eso se reserva para los fondos de valle y las márgenes de arroyos. Ninguna de las tres especies se comporta igual en un suelo quemado que en uno compactado por el ganado.

La supervivencia se mide con parcelas fijas marcadas con estacas y coordenadas. A los dos años se cuenta cuántos plantines siguen vivos; a los cinco, se evalúa además el crecimiento en altura y el diámetro del cuello. Un sector con 40 por ciento de supervivencia a los cinco años puede considerarse un resultado aceptable en estepa, siempre que la cobertura de protección haya resistido el viento.

Los guardaparques señalan que la restauración avanza donde se cerró el pastoreo y se instalaron cortinas de malla. Falla, en cambio, en laderas expuestas con suelos someros, donde el viento descalza los plantines antes del primer invierno. Esa diferencia entre sectores es la que obliga a planificar por parches y no por hectáreas totales.